Un grupo de investigación de la UMA estudia los cambios producidos en la conservación bajo el mar de 160 botellas de vino de seis bodegas de la Axarquía
La Universidad de Málaga (UMA) ha presentado este jueves en el Real Club Mediterráneo el proyecto ‘Vinos Sumergidos’, una investigación del grupo SEJ-121 ‘Mediterráneo Económico’ que busca determinar si la conservación bajo el mar produce cambios químicos y sensoriales medibles en 160 botellas de vino procedentes de la Axarquía. La iniciativa cuenta con la colaboración de Sabor a Málaga, la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Axarquía y seis bodegas de la comarca.
En la rueda de prensa han intervenido el rector de la Universidad de Málaga, Teodomiro López; el presidente de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Axarquía, Jorge Martín; el secretario del Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen Málaga, Sierras de Málaga y Pasas de Málaga, Javier Aranda; el investigador principal del proyecto, Gorka Zamarreño-Aramendia; y el presidente del Real Club Mediterráneo, Antonio Manuel Díaz.
El ensayo compara botellas sumergidas con vinos testigo de las mismas referencias conservados en bodega. La pregunta de partida es comprobar si las diferencias atribuidas al envejecimiento submarino responden a transformaciones reales del producto o si parte de su valoración procede del aspecto singular que adquiere la botella tras permanecer varios meses en el mar. Zamarreño-Aramendia ha asegurado que la impresión obtenida al abrir una botella no basta y que hay que comparar, medir y someter los vinos a una cata ciega antes de extraer conclusiones. Por su parte, el rector de la UMA ha destacado el carácter transversal de la investigación, que conecta la química analítica con la economía, el marketing y la proyección cultural del vino.
La jaula experimental fue sumergida en febrero a unos diez metros de profundidad en aguas del Real Club Mediterráneo y sus botellas permanecieron allí hasta su extracción en julio. Durante esos cinco meses, el equipo registró la temperatura, la profundidad, el movimiento del agua y la presión. La infraestructura fue cedida por la bodega Attis.
El lote reúne 160 botellas de vinos blancos, tintos y dulces. La siguiente fase se desarrollará en octubre mediante una cata comparativa ciega con representantes de la asociación de sumilleres, críticos de vino, periodistas especializados y los bodegueros participantes. El protocolo impedirá que los catadores sepan qué muestras han estado bajo el mar para evitar sesgos. La evaluación sensorial atenderá al color, el aroma, el sabor y la textura, y sus resultados se contrastarán con análisis físico-químicos de parámetros como el pH, el grado alcohólico, la acidez total, los polifenoles y los azúcares.
Tras la extracción se abrió una única botella de vino blanco como comprobación exploratoria, observando una evolución cromática hacia tonos más dorados y una impresión sensorial de mayor evolución, aunque el equipo advierte de que es una observación aislada que deberá contrastarse. Si los análisis detectan diferencias consistentes, se elaborará un informe de transferencia para que las bodegas valoren si la conservación submarina ofrece una vía viable de diferenciación comercial o desarrollo enoturístico.



