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Desaladora

Curro Flores

El vituperio político (la desaladora de la Axarquía)

Opinión

Apartado en un lugar que del que prefiero no acordarme, me desazonaba no poder darle al teclado, ante la trifulca provocada entre la parroquia de los populares andaluces y la diana del Gobierno, por el accidente de trenes en El Chorro. Desde Juanma, hasta el seguidor más apasionado de la tropa Gaviota, se lanzaron a degüello a por Sánchez, culpándole del mal estado de la Red de ferrocarriles andaluza, que había provocado el choque de trenes; metiendo en la coctelera los pactos de gobierno con la guinda de la amnistía; por los que la portavoz del Consistorio malagueños, denunciaba el desvío a Cataluña de los fondos de Renfe y de los mejores trenes de cercanías, para dejarnos en el abandono y con la morralla. A tantas mentiras y exageraciones, les faltaba la verdad, que el suceso fue provocado por un fallo humano, aunque me temo que a la patuleta edila, se le hubiera ocurrido que los más distinguidos de las plantillas de tripulantes lo mandaban a chapurrear catalán, mientras el vagón de los obtusos viajaría a Andalucía.

Curiosamente ayer leía una novela de Jaque Attali, en la que relataba las consecuencias de los terremotos que arrasaron el esplendor Córdoba la sultana, en la que convivían las tres culturas y que por esa época estaba sometida por los los almorávides, represores de una secta islámica, que inmediatamente acusaron a los judíos de malas artes mágicas, provocadoras de la gran tragedia, se sirvieron de que se quebraron 57 columnas y tres naves de la Mezquita, mientras su sinagoga no pilló un desconchón. Estas abominables artes de la política, siempre me han asqueado, sabiendo que entre mis tropas se premiaba en demasía a los bocazas, capaces de decir que la pertinaz sequía que padecemos la han provocado los ayuntamientos del PP, dominadores de los municipios malagueños, cuando sus culpitas son de no encontrar un hueco para instalar la desaladora de la Axarquía, por si fuera poco. En fin, como si la política y sus poderes no tuvieran sus enemigos, los que más deben defender su oficio y cuidarlo, por vocación a la democracia y al servicio público, se ensañan en estas vulgares carreras de ofensas suicidas.

Curro Flores